Lo que estudias hoy empieza a borrarse esta misma noche.
La caída es brutal al principio y se suaviza después. No es falta de capacidad ni de disciplina: es el funcionamiento normal del cerebro, que descarta lo que no vuelve a necesitar. Con un temario de cientos de páginas, el tema 1 se ha evaporado cuando llegas al 6.
Cada repaso a tiempo aplana la curva.
Ebbinghaus vio algo más: si recuperas un dato justo cuando está a punto de perderse, el siguiente olvido tarda más en llegar. El esfuerzo de recordar es lo que consolida la memoria, no el de releer.
Cinco repasos bien colocados valen más que veinte relecturas.
Como la curva cae cada vez más despacio, los repasos pueden separarse cada vez más. Una pregunta que hoy necesita verse mañana, dentro de un mes solo necesitará un vistazo.
Unos minutos al día, en lugar de tardes enteras de repaso.
El coste de mantener vivo todo el temario pasa de inasumible a rutinario. Nadie puede calcular a mano qué pregunta toca cada día entre 3.794. Para eso está el algoritmo.